Han pasado 7 días del mejor día de mi vida.
Eran las 3 de la tarde cuando salimos rumbo al Morera Soto, en el carro íbamos mis hermanos Sebastián y Julián, mi papá, mi primo Marcelo y mi amigo Gabo, con la ilusión más grande que hemos tenido en toda nuestras vidas.
Llegamos a Alajuela alrededor de las 5 de la tarde, donde un amigo de mi tío, hicimos previa con carne asada y nos tomamos un par de cervezas para bajar la ansiedad que teníamos, donde la noche anterior ni siquiera pude dormir de las ansias que tenía.
Al rededor de las 7:00 pm nos fuimos para el estadio, hicimos la fila para entrar a popular norte y buscamos a donde estaban los cientos de blanquiazules que tenían las mismas esperanzas de ver a nuestro equipo campeón de Costa Rica después de más de 81 años.
A las 8 pm empezó el juego, nos quisieron callar con una bandera gigante, pero al final del día los que callaron fueron otros.
Al minuto 59, cayó el gol de la Liga, nos empataban en el global (1-1) pero se sentían 2 vibras, los manudos se creían campeones, pensaron que nuestro equipo se iba a caer y que nos iban a golear y por nuestra parte, la afición confiaba en que solo ocupamos un gol para ser campeones.
Al minuto 105, llegó el gol que cambió la historía, que rompió los mitos del muñeco, de los caballos en la Basílica… Arturo Campos y su cabezazo cayó el Morera, pero no era porque no habíamos visitantes, era porque tampoco lo podíamos creer.
Ese día llore de la felicidad, tomé champán, bese el trofeo y cante WE ARE DE CHAMPIONS mientras veía a Allen Guevara y a Paolo Jiménez levantar la copa en casa ajena.