Lo de ayer fue un golpe duro. Teníamos todo para hacer historia: el Fello Meza a reventar, el recibimiento al bus, los fuegos artificiales, la afición más fiel del país entregada por completo… Era una fiesta, una provincia entera unida por un sueño. Pero terminó siendo un funeral.
Desde el minuto 1 íbamos perdiendo. Increíble. Jugadores caminando en la cancha, centros imprecisos, decisiones erróneas… Ayer el escenario les quedó grande. Ayer no vimos el coraje ni el fútbol que sí apareció en Guápiles, Tibás o Liberia. Ayer, cuando más se necesitaba, nos fallaron.
Y lo más triste es que teníamos todo a favor: la localía, el empuje, la ilusión… y la oportunidad de no depender de nadie. Pero una vez más, cuando Cartaginés tenía todo para dar el paso, se quedó corto. Y duele. Duele porque esta ilusión era real, porque creímos con el alma de que el equipo si entraba a semis, era candidato a ser campeón.
Sí, este equipo cambió con la llegada de Carevic. Lo tomó a solo 15 días del arranque y aun así le dio vuelta a una historia que parecía escrita. Hicimos una segunda vuelta casi perfecta, pero no bastó. Porque la clasificación no se gana en 11 fechas, se gana siendo regular en 22.
Yo sé que este golpe va a doler, pero también sé que va a forjar carácter. Este equipo va a volver. Y volverá más fuerte. Porque si algo nos sobra a los brumosos es corazón.
Con Cartaginés en las buenas… y en las malas, mucho más ![]()